PRIMERO LOVE YOU · El hijo del mañana
Prólogo
«Echar de menos a alguien que no conoces es una forma de locura que no tiene diagnóstico». —CC
Hay ausencias que no dejan fotografías. No tienen fecha ni entierro. Y, sin embargo, pesan más que los muertos con nombre.
Durante años pensé que lo que me dolía era el pasado. Me equivoqué. Lo que me dolía era algo que aún no había ocurrido.
El tiempo no es una línea recta. Eso lo dicen los físicos cuando quieren parecer valientes. El tiempo es un animal herido que siempre vuelve al lugar donde sangró.
Hay nombres que uno aprende a callar antes de que existan. Hay promesas que se rompen antes de ser dichas. Hay personas que reconoces la primera vez que las ves, no porque las hayas visto antes, sino porque las has estado esperando sin saberlo.
A veces despierto con la sensación de haber perdido algo que nunca sostuve entre las manos. Un latido que no escuché. Una despedida que nadie pronunció.
Si pudiera volver atrás, diría que todo empezó con un abrazo.
Pero la verdad es que empezó mucho antes. Empezó el día que comprendí que el tiempo no siempre se pierde hacia adelante.
A veces se pierde hacia alguien.
Empezó un lunes de febrero, con el café todavía humeando en la taza y un niño de ocho años mirándome desde una silla diminuta con los ojos que eran los míos.